Masculinidades

¿Qué significa ser hombre de verdad?

Existen muchas formas de masculinidades, es decir “modos en que los hombres son socializados/educados”. Sin embargo, existe un modelo predominante en casi todas las culturas; el varón como dominador. Esto es y ha sido así durante siglos, pero hay algo que poco se ha dicho; el efecto negativo que las exigencias sociales tienen en salud y la vida del varón por tratar de ser “Un hombre de verdad”.

Hábitos y costumbres en base a estereotipos como: Ser fuerte, valiente, racional, exitoso, proveedor, intrépido, duro, no llorar, no ser vulnerable, ejercer el poder, estar en control, etc. entendidos en su sentido extremo obliga a muchos hombres a demostrar continuamente sus propias capacidades frente a los demás. Cuando eso no sucede, le dicen “pórtate como un hombre”, “pareces niña”, “pareces marica”. Ver la demostración de sentimientos como algo “no masculino” es lo que separa a muchos varones de su sentido de humanidad; de lo que los hace verdaderamente humanos.

Perseguir ese modelo heroico lleva a buscar el reconocimiento constante. Muchos varones adoptan actitudes y conductas de riesgo y demostraciones de “valor”, como una confirmación de su virilidad y valentía. Es esa concepción la que lleva a muchos hombres a tener una actitud temeraria y a despreciar el dolor.

Muchos hombres asumen riesgos innecesarios porque sienten que “deben” probar su hombría. Los accidentes laborales, de coche o moto, deportes de alto riesgo, la adquisición de enfermedades de transmisión sexual o sida por no querer practicar sexo seguro, involucrarse en peleas, e incluso participar en conflictos armados, son algunas de las prácticas extremas dentro del modelo impuesto por muchas sociedades sobre cómo ser “un hombre de verdad”.

La novela La Dignidad Encarnada tiene muchas lecturas y presenta, entre otras realidades, situaciones en las que se revelan las consecuencias directas de la valoración positiva del riesgo y de la legitimación de la violencia, vistas como rasgos de hombría y de autoafirmación de la masculinidad. La obra pone en evidencia que con el uso de la violencia todos perdemos y revela que la violencia de género no sólo victimiza a las mujeres, sino también a los hombres.

Al construir un modelo de “ser hombre” que también incluya valores como la compasión, la solidaridad, la empatía, la justicia, la ética, la responsabilidad, el respeto y la honestidad hacia sí mismo, se modifican las relaciones humanas y con ello tanto hombres como mujeres ganamos.

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